Analizando el balance de una empresa (XXI)

En el último Blog dejamos pendiente una ratio que nos permite medir la productividad de la empresa desde el punto de vista de su tamaño, ratio que denominamos ROA por su denominación anglosajona = Return On Assets, o rentabilidad sobre activos. Su cálculo es en teoría sencillo:

Margen de Explotación / Total Activo

El cual a su vez se completa con dos ratios más:

Margen de explotación / Ventas Netas

Ventas netas / Total activo

Como veis trabajamos con margen de explotación, por tanto, antes de costes financieros, variable que puede ser una decisión empresarial o del accionista, hay que determinar el nivel de apalancamiento que quiere y los costes que ello conlleva.

Ambas ratios nos indican el grado de eficiencia de la empresa, pues mientras el primero nos optimiza los costes de producción, el segundo optimiza los medios de producción. Siempre será mejor empresa – comparándola en su sector – la que venda más, requiriendo menos inversión.

Ambas ratios son gestionables, generalmente, y para eso hay teorías: muchas empresas optan por el alquiler frente a la compra, para reducir activos, en otros casos optan por la optimización de existencias para reducir circulante… No hay fórmulas perfectas, el no tener inmuebles se puede ver como una falta de patrimonio de la empresa y por tanto de solvencia desde un punto de vista tradicional (alquiler vs amortización) y el reducir existencias puede provocar problemas de abastecimiento ante situaciones inesperadas (una huelga de transporte o proveedores).

El tipo de actividad también determina los componentes de la rentabilidad:

  • Empresas comerciales (por ejemplo, importadores o distribución). Alta rotación y por tanto ventas, pero bajo margen por artículo.
  • Empresas industriales (por ejemplo, fabricantes) baja rotación /alto margen por unidad vencida.

También hay empresas que engordan su balance con partidas que no le aportan nada desde el punto de vista de negocio y por tanto de rendimientos: inversiones en otras empresas, préstamos a filiales, préstamos a socios, activos no operativos… Hace años recuerdo que analizando una empresa en el activo estaba la vivienda del propietario ¿esto resta o suma?

Para verlo más gráficamente usemos un sencillo ejemplo: la empresa AOLSA con recursos propios de 1.800.000 € tiene un balance de 7.000.000€. Tiene margen de explotación de 1.200.000 € y gastos financieros de 800.000€ y un beneficio antes de impuestos de 400.000 €.

ROA: 1.200.000/7.000.000 = 17%

Esta es la rentabilidad de la actividad. ¿Cómo se distribuye entre los financiadores de la empresa, es decir, accionistas y prestamistas? Un adecuado apalancamiento puede mejorar en términos porcentuales la rentabilidad de los accionistas, por eso existe en muchos casos altos apalancamientos, máxime con tipos bajos.

¿En qué ayuda el apalancamiento?:

  1. Los gastos financieros – hasta un límite- son deducibles
  2. Cuando los tipos de interés son bajos y por tanto el coste de la deuda debe ser menor que el coste de los recursos propios y porque además asumen menos riesgos.

¿Cómo se calculan los gastos financieros? No es fácil pues si por la cuenta de resultados sabemos el coste real – una cifra- al ponerlo en relación con la deuda de la empresas hay que hacer valoraciones de saldos medios, deudas fuera de balance (descuento, factoring…). Ante esta dificultad optamos por comparar ROE (rentabilidad sobre recursos propios) con ROA (rentabilidad sobre activos). Veamos:

Cuando la ROE es superior a la ROA el apalancamiento es positivo, es decir, al accionista le ha compensado asumir deuda de terceros. Cuando la ROA es superior a la ROE el apalancamiento es negativo y por tanto la empresa a llegado al máximo de su endeudamiento desde un punto de vista de rentabilidad. ¡Ojo! Un ROE < ROA no implica pérdidas.

En nuestro ejemplo: ROE: 400.000 / 1.800.000 = 22%

Puesto que el ROE (22%) > Roa (17%), podemos decir que el nivel de apalancamiento es adecuado. Luego habrá otras consideraciones como posibles subidas de interés, tamaño de la empresa, etc. Es decir, el accionista se beneficia del dinero que le prestan otros pues lo hacen a tipo inferior a la rentabilidad que espera de sus recursos propios.

Continuará.

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